EVANGELIZAR Y PREDICAR LA PALABRA, ES UN MANDATO DE
DIOS
Todos
los verdaderos cristianos tenemos la obligación de llevar el mensaje del
evangelio de salvación a toda criatura en este mundo. (Véase
Marcos 16:15 y 16). Ciertamente no todos tenemos la oportunidad de
hacerlo en un pulpito de iglesia, pero lo podemos hacer de diferentes formas,
como por ejemplo: Distribuyendo tratados del plan de salvación de casa en casa
y en las calles de la ciudad, en Internet, predicando en los parques, en los
buses y otros medios de transporte. Favor de tomar en cuenta que cuando la
palabra dice que prediquemos en las plazas, se refiere a que lo hagamos en lo
que hoy día le llamamos parques y no en los mercados como muchos equivocadamente
lo hacen.
El
apóstol Pablo nos envía a llevar el mensaje del evangelio encarecidamente en
nombre de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo a todos los inconversos.
Veamos: 2 Timoteo
4:1.
Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su
manifestación y en su reino, que prediques la palabra. (Versión RV60).
Todos los fieles cristianos
no solo tenemos la obligación de llevar el mensaje de salvación a los
inconversos, sino también de instar, redarguyir, reprender y exhortar a los
creyentes con la sana doctrina. Veamos: 2 Timoteo 4:2. Que
prediques la palabra; que instes a
tiempo y fuera de tiempo;
redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
(Versión RV60). Hermanos creyentes en Cristo: Si usted ve y oye que la doctrina
de su iglesia esta tergiversada, tiene la obligación de redarguyir y reprender
a sus dirigentes, para que se encaucen nuevamente por el camino correcto de la
doctrina. Al no hacerlo esta desobedeciendo la Palabra de Dios.
Hermanos creyentes en Cristo,
debemos de tener cuidado porque actualmente ya llegamos a la apostasía templaria
profetizada por los apóstoles, y la mayoría de personas actualmente se van tras
iglesias en donde les endulzan los oídos con doctrinas de prosperidad material
y riquezas, y ya se olvidaron que lo principal de la doctrina cristiana es el
crecimiento espiritual para ser salvo. Veamos: 2 Timoteo 4:3 y 4. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la
sana doctrina, sino que teniendo comezón
de oír, se amontonarán maestros conforme
a sus propias concupiscencias, y
apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. (Versión
RV60). Favor de tomar en cuenta que el verdadero significado de la palabra “no
sufrirán” en el versículo anterior es: “no soportarán”. La gente hoy día ya no
le gusta que le prediquen la Sana Doctrina Cristiana y les gusta mas oír
fabulas, chistes y tergiversaciones de
la palabra de Dios.
Los cristianos auténticos
debemos de ser sobrios en todo, soportar las pruebas, hacer obra de evangelista
y cumplir nuestro ministerio, el cual es uno y es la edificación del cuerpo de
Cristo. Veamos: 2
Timoteo 4:5. Pero tú sé sobrio en
todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. (Versión
RV60). Este versículo también confirma que el ministerio de Cristo es uno y no
cinco como predican los falsos predicadores.
Practicar el Ministerio de la
edificación del cuerpo de Cristo es: Pelear la buena batalla, evangelizando a
los inconversos, redarguyendo, reprendiendo a todos los hermanos que se desvían
de la sana doctrina, y guardando la fe en nuestro Señor Jesucristo para llegar
a Dios. Veamos: 2
Timoteo 4:7. He peleado la buena
batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. (Versión RV60).
En este versículo además, se enseña que el evangelio de Cristo es una carrera que
hay que acabar al terminar la vida en este mundo, y allí es donde esta nuestra
recompensa, que es lograr ser salvos para vida eterna.
Al terminar nuestra carrera en
el ministerio de nuestro Señor Jesucristo y amar su segunda venida, Dios nos
premiara con la corona de justicia, la cual nos será entregada por el mismo
Cristo para ser parte de su glorioso reino. Veamos: 2 Timoteo 4:8. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo,
en aquel día; y no sólo a
mí, sino también a todos los que aman su
venida. (Versión RV60). Dios
bendiga su vida. Amen.
